
Pantalón Cortito se gestó y se soñó en un país que todavía tenía en su memoria la dignidad del trabajo. Aún se escuchaba el ruido de las locomotoras, las sirenas de las fábricas, los golpes de los talleres. Era común tener “recibo de sueldo” y obras sociales. Los teléfonos eran de la ENTEL, la luz la daba Segba, elegíamos cargar nafta en la YPF porque era nacional. Los padres eran “los jefes de familia” y los que mantenían el hogar. Los jóvenes, muchas veces, de distintas maneras “heredábamos” el puesto de los padres.
En la década del 70, los hijos de los trabajadores, masivamente, llenábamos las universidades. Los hijos varones al cumplir los 18 tenían su “rito de pasaje”: la colimba. Y después....a trabajar!!!! A mediados de los 80 todavía, los italianos del barrio tenían su quintita en el fondo y se los veía cuidar de tomates que no eran larga vida y que tenían sabor a tomate.
La globalización liberal cuya entrada triunfal preparó la dictadura a sangre y fuego y profundizó el menemato, nos dejó un país devastado. Familias y barrios enteros sumergidos en la mendicidad estatal. Los padres que primero quedaron desocupados para después “desaparecer” socialmente. Varias generaciones de chicos que jamás vieron trabajar a sus padres o que crecieron sin padres. “Los hijos del viento” los llama María Rosa, la abuela de 87 años que coordina el Ropero Comunitario del Hogar Pantalón Cortito.
Cuando faltó el trabajo, en Pantalón Cortito estábamos convencidos que había que “inventarlo” para poder sobrevivir. Por eso, todo lo que comunitariamente disfrutamos, lo hicimos con nuestras propias manos. Los chicos, allá por los 90, llegaban de la calle y asumían el compromiso de aportar su esfuerzo para levantar las instalaciones que albergarían a las madres y a los más chiquitos. Y así dejaron atrás las drogas, sus variadas formas de “rebuscarse la vida” lindantes con el delito. Trabajando con sus educadores, el abuelo Fernando, el Tío Miguel, Jorge, Susana, Clara, Rosa aprendieron a recuperar la alegría. Se “rescataron” como dicen ellos y se transformaron en educadores de otros chicos. El trabajo y la responsabilidad solidaria con este Hogar que nos abrió las puertas y nos salvó de un naufragio seguro, es lo primero que aprendimos en Pantalón Cortito.
Con los años nuestra Organización fue estructurando una propuesta de capacitación y formación laboral, en el marco de nuestra Escuela Simón Rodríguez, y hoy contamos con los siguientes Talleres: Panadería y Repostería, Costura y Tejido, Artesanías, Carpintería y Herrería, Construcción, Apicultura, Auxiliar de Asistente Infantil, Promotores de Salud.
Vale la pena señalar que muchos de nuestros niños y jóvenes acarrean secuelas de mala nutrición y falta de estimulación por lo cual resulta sumamente difícil su incorporación a los ámbitos educativos formales. Muchos de ellos han desertado de la Escuela. Por esta razón los Talleres de oficios son un ámbito de contención, revinculacion con la escuela formal y formación para la vida en un clima de alegría y fraternidad.




