
Vale la pena hacer un poco de memoria. En el año 1987, cuando se pone en marcha el motor de este sueño, la realidad del país era bastante diferente. Con los vecinos participábamos de jornadas solidarias, realizábamos actividades recreativas para los chicos del barrio, viajes, excursiones. Pensamos una Casa del Niño para las madres y los padres que todavía trabajaban e hicimos un barrio por autoconstrucción para 40 familias que tenían trabajo pero no podían acceder a una vivienda.
Pero la hiperinflación nos sacudió cruelmente. Una mañana, cuando abrimos la puerta del pequeño localcito de la UB Mito Otaño en la calle 49, nos encontramos con una larga cola de desesperados. Nos vimos obligados a conseguir alimentos para niños, madres embarazadas, familias enteras, muchas de las cuales estrenaban su miseria y se avergonzaban de su nueva condición de comensales en los comedores de emergencia.
Durante semanas, con el apoyo de todo el barrio, mantuvimos a raya el fantasma de los saqueos. Quemamos leña para mantener siempre caliente la comida de los almuerzos y de las copas de leche. Organizamos huertas familiares y comunitarias , comenzamos con la cría de animales y armamos el primer ropero comunitario.
Pasada la emergencia ya nada fue lo mismo. Llegó la década de los 90 y un nuevo sistema económico arrasó barrios y familias enteras de nuestra comunidad. Tuvimos que acomodarnos, de golpe, a nuevas y terribles realidades, que contrastaban con la declamación de nuestro feliz ingreso al Primer Mundo.
Nuevas palabras. Nuevas realidades. Privatizaciones. Desempleo. Achicamiento del Estado. Desocupación. Subocupación. Cuentapropistas. Globalización. Desnutrición. Desestructuración Familiar. Delincuencia juvenil. Comedores infantiles. Chicos de la calle.Sida.
Nada de lo que planeamos cuando empezamos sería posible. Había que atender la emergencia. Asistir. Dar de comer. Vestir. Cubrir las necesidades de salud. Recibir a los niños que cada vez nacían más seguido. Enfrentarnos con enfermedades nuevas. Reclamar recursos cada vez más necesarios para sostener la vida.
En 1990 abre sus puertasla Casita Solidaria Pantalón Cortito, en la casa de una vecina del barrio. Comenzamos a atender diez chicos en jornada completa Seis años después y con mano de obra de nuestros adolescentes, jóvenes, padres y madres de la comunidad, inaugurabamos el Jardín Maternal, con todas las comodidades para atender a bebes y niños en situación de riesgo. En 1992 construimos las instalaciones del Centro de Día, cuatro viviendas para Hogar Convivencial, Playón Deportivo y Pileta.
Durante todos estos años nunca perdimos la utopía de construir un país más justo y tratamos de pensar tambien en un futuro. Por eso la capacitación de los jóvenes y de las madres. Por eso en el 2002 la organización de la Biblioteca Infantil y Juvenil Tupac Amarú. Por eso en el 2004 la Escuela Simón Rodríguezpara adolescentes y jóvenes en situación de riesgo de 12 a 21 años..
En ese mismo año el Hogar Pantalón Cortito firma un importante convenio de colaboración con la Dirección de Adultos y Formación profesional de la Dirección General de Escuelas a partir del cual pudimos ampliar nuestras acciones de capacitación. Estructuramos entonces los Talleres con un grupo de Educadores Populares vinculados a la Institución: Introducción a los oficios, formación socio-humanística, teatro, Taller de expresión, Taller de aprendizaje, Taller de desarrollo lógico-matemático, Taller de ecología, Educación física, Taller de salud e Introducción a la informática.
A más de veinte años del nacimiento de nuestro Hogar, Centro Comunitario, Organización Comunitaria, Obra…o el nombre que se le de a estas experiencias que acompañaron a los empobrecidos y marginados por el sistema; nos sentimos como esos pacientes que despiertan de una larga enfermedad. Nos enfrentamos a nuevos desafíos, a nuevos problemas que tenemos que resolver.
Hoy, hay más de 500 personas involucradas en nuestros Programas. En especial niños, adolescentes y jóvenes. Y un grupo de más de 50 personas entre asistentes infantiles, cocineras, maestranzas, preceptoras, choferes, jardineros, capacitadores, profesores, auxiliares de enfermería, trabajadoras sociales, administrativas, madres cuidadoras. Personas que en su gran mayoría comenzaron como beneficiarias de los programas y con los años, se fueron superando, capacitando, alentadas por sus sentimientos solidarios, por sus propias necesidades y por su amor a la organización que les brindó ayuda y contención a ellos y sus hijos.
En todos estos difíciles años que nos tocó vivir fuimos construyendo una organización fuerte y solidaria a través de encuentros, jornadas de reflexión, acciones de capacitación y lucha conjunta. Y además, compartiendo día a día nuestros sueños, nuestros sufrimientos y nuestras alegrías en la construcción de un futuro más justo para nuestros chicos y para nuestro pueblo.
Tuvimos y tenemos momentos muy difíciles. Nos equivocamos muchas veces y aunque cuesta, lo reconocimos y tratamos de corregir el rumbo. Pero seguimos. Y decimos como el poeta: “Mañana, hijo mío, todo será distinto. Se marchará la angustia por la puerta del fondo, que han de cerrar para siempre las manos de Hombres Nuevos, a los cuales estamos formando: en el amor, el respeto y la Justicia:
Nada de lo que construimos hasta este momento hubiera sido posible sin el apoyo constante, desinteresado, solidario y sencillamente magnífico de cientos y cientos de personas de la comunidad desde los más pobres, los que nada tienen, que aportaron sus brazos, su tiempo, su amor a los chicos; y también profesionales, estudiantes, funcionarios, empleados, asociaciones, fundaciones, clubes de abuelos, amas de casa, empresarios, religiosos, dirigentes sociales, sindicales y políticos, organizaciones de solidaridad internacional.
Todos han aportaron hasta lo inimaginable para que Pantalón Cortito pueda sostener a los más débiles y desamparados de nuestra injusta sociedad, para que Pantalón Cortito sea como una enorme red mientras esperamos y luchamos por ver el amanecer...