
En todos estos años (casi dos décadas) de grave crisis social y económica que azotó a nuestro país, las comunidades más desfavorecidas nos vimos obligadas a tomar en nuestras propias manos las riendas de nuestra sobre vivencia. El achicamiento del Estado y muchas veces su ausencia en cuestiones esenciales para los grupos familiares nos llevó a gestionar recursos, capacitarnos, unirnos, organizarnos y en forma solidaria resolver nuestras necesidades básicas.
Es así que nuestra imaginación echó mano a cuanto recurso comunitario teníamos para alimentar y contener a nuestros chicos, sostener a las madres, educar, hacer nuestra vestimenta, promover emprendimientos productivos y todas aquellas iniciativas que permitieran sobrevivir al naufragio.
De esta manera y haciéndonos eco de las necesidades de nuestra gente fuimos diseñando programas de atención integral que contaron y cuentan con un alto protagonismo de los beneficiarios.
Con nuestras acciones en salud ocurrió lo mismo. Algunas de nuestras madres tomaron la iniciativa de llevar adelante la prevención, la atención, el cuidado de chicos y de madres. Al principio sólo con la voluntad, concurriendo a Centros de Salud y Hospitales en busca de ayuda, tratando de aprender, recorriendo pasillos, yendo y viniendo. Mientras otras madres diseñaban un programa alimentario para reforzar las graves deficiencias que tenían los chicos y tenían a horario la comida en la mesa.
Nuestras promotoras de salud aprendieron a gestionar turnos, conseguir medicamentos, controlar las vacunas, conocieron los lugares donde los chicos y las madres eran mejor atendidos, partían detrás de las urgencias, pasaban días enteros en los hospitales cuando había internaciones, preguntaban, conocían médicos que entendían nuestra problemática y ayudaban lo más que podían…
Hicieron cursos de nutrición, primeros auxilios, resucitación cardiorrespiratoria, informaban a las demás madres lo que aprendían, se interesaron por el tema de la prevención de embarazos adolescentes, prevención de enfermedades de transmisión sexual, nebulizaban, curaban heridas…y tantas cosas más!!!
En algunos períodos tuvimos la ayuda de médicos y en otros las madres la apechugaron solas. Hoy, las familias vinculadas a la organización han adquirido cierta conciencia acerca de la salud y hemos avanzado mucho. No obstante gran parte de la población marginada de nuestros barrios aún padece de las graves problemáticas que teníamos nosotros al principio. Por eso nuestros educadores, profesionales, madres y jóvenes militantes sociales tratan de poner en marcha un amplio proyecto de Salud Comunitaria que ponga la salud más cerca de la gente.
Fue una idea de Naty. Necesitábamos presupuesto para la salud!!! Y dijo: las fiestas nunca se acaban...Hoy, junto a Chelo y con la ayuda de jóvenes del Hogar gestionan un emprendimiento de fiestas: alquiler de nuestro salón, sonido, castillo inflable, pantalla gigante, video clips y filmaciones, fotografías etc. Y asignamos la recaudación a financiar el programa “porque me quiero me cuido”. Muchas de las mamás han completado su examen ginecológico anual, en algunos casos el primero en sus vidas y estamos implementando la colocación de DIU para mamás muy jóvenes, con muchos hijos o con problemas de salud. Y vamos...con las fiestas saludables, por más...
En la Patria Grande (Hogar Granja, centro recreativo) encontramos una gruta, tapada por los pastos y las malezas. María Rosa, que es la abuela de todos los chicos, trajo la imagen de la Rosa Mística. Y descubrimos una planta de muérdago. Dicen que son espacios sagrados donde crece el muérdago. Y el nuestro es una enorme planta que no para de crecer frente a la gruta.
La Rosa Mística es intermediaria de los hombres para las cuestiones de salud. Gracias a ella, todavía los chicos disfrutan de la “lela” que va y viene con sus 88 años, pensando en las grandes y pequeñas cosas de ellos: “Ariel me pidió un trompo”, “le traje el piloto a Alejandro para que no se moje cuando guarda las ovejas”, “les traje facturas a los chicos”, “me confió un secreto, no lo sabe nadie”, “esta remerita le va seguro” , “estoy feliz porque conseguí corpiños para todas las chicas, y son hermosos, como a ellas les gusta”, “yo les tengo paciencia, viste cómo son las chicas elijen y elijen …”
La salud es la mesa compartida, el pan recién horneado, las tortas de cumpleaños hechas por Roberto que pasó sus primeros años en un Hogar porque la mami estaba presa. Esa mami que estaba presa y que cuando salió no tenía dónde llevar a su hijo, ni quien le diera un trabajo ni una casa, ni siquiera un saludo cordial. Esa mami que llegó vendiendo flores al Hogar Pantalón Cortito y se encontró con otras que sufrían lo mismo y la entendieron.
Y le hicieron sitio, para ella y para Robertito. Allí conoció otras mamás, madres con mayúsculas, que conocieron el hambre, el abandono, la violencia, el maltrato, que se juntaron para poder sobrevivir y poder criar a sus hijos.
Ellas aprendieron como recuperar la salud, en el amor de los hijos, la cotidianeidad del trabajo o el estudio, la fuerza de los compañeros, los ideales compartidos, el darse todos los días. Ellas y la mami que vendía flores y la otra mami que con diez hijos conocía todos los recovecos de los hospitales, se empeñaron en armar un Área de Salud. Esa salud de la que hablan todos, médicos, análisis, turnos, psicólogos si hace falta, odontólogos, atención de algún accidente. Y la mami de las flores también estudió y se recibió de Auxiliar de Enfermería. Pero lo que más aprendieron es a poner el cuerpo y el alma, a pelear, a defender el derecho de los chicos y las madres a recibir una atención adecuada. Consiguen turnos con especialistas, realizan los controles periódicos, van y viene del dentista.
Un reconocimiento aparte merece el Dr. Daniel Rimaro, vecino del barrio que atiende casi gratuitamente a más de 200 personas entre adultos y niños del Hogar.Otro reconocimiento aparte al Dr. Bertoloti del Hospital de Niños que no duda en atender a los chicos en su consultorio particular cuando es necesario. También al Dr. Borrone que trabajaba con nuestros chicos con problemas de crecimiento también en forma gratuita.Y podrían seguir los reconocimientos…
Todos los Hospitales Públicos y Servicios recorre la mami de las flores y otras mamis, jóvenes que se criaron en el hogar, como Vanesa, se conocen todos los pasillos y todos los recovecos y noches enteras al lado de la cama de alguna mamá parturienta o algún chico operado. Y hace un tiempo llegó una médica generalista, que se acopló al trabajo de las mamis y que logró desde conseguir medicamentos, realizar campañas de desparasitaciòn, concretar la colocación de DIUS para mamàs con riesgo de vida, hablar con las adolescentes, orientarlas en su sexualidad responsable, controlar embarazos y hasta poner en dibujos la situación de salud de la población del hogar.(con un programa de computadora).
Lo que más duele: cómo llegan de “enfermos”, los chicos o las madres cuando recién llegan al Hogar. Lo que más reconforta: cómo cura el amor y la ternura y los límites. Cómo cura la educación y la solidaridad. Cómo cura luchar por nuestra dignidad. Nuestra Rosa Mística, desde los jardines de 139 entre 40 y 41 y desde la Gruta de la Patria nos mira siempre en paz, porque nos enseñó estas cosas a los humildes.