Asociación Civil Pantalón Cortito

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Miguelito, M.A.G.

Nací el 11 de enero de 1984 en Avellaneda. Mi mamá se llama Laura y mi padre se llamaba Modesto. Tengo cuatro hermanos vivos y uno muerto.

Cuando tenía 5 o 6 años empezó todo el sufrimiento de la familia. Me acuerdo que mi papá era marinero y que cuando se iba, venía a los cuatro o cinco meses recién. Y un día me acuerdo que había saludado a todos mis hermanos y a mí. Ese día cuando se fue yo me puse a llorar como nunca. Un día vino un compañero a mi casa y estaba hablando con mi vieja y yo la ví que ella lloraba mucho. Había sido que mi viejo y un par de compañeros de él habían muerto. No me acuerdo bien cómo. Lo único que me acuerdo es que mi hermano mayor nos mantenía con la plata de su trabajo. Trabajaba en un supermercado en Quilmes.  Pero como desgraciadamente vivíamos en la Villa donde ronda la droga, la pobreza y el afano, mi hermano Omar conoció unos pibes que se drogaban y robaban. Empezó a fumar, a robar y a drogarse. Yo lo veía y quería hacer lo mismo. Aunque él no quería, yo lo hacía a escondidas. Yo y mi hermana Irma andábamos por la Capital pidiendo monedas en las boleterías o abriendo puertas de taxis para poder llevarle plata a mi vieja. A veces mi hermana y yo nos quedábamos a dormir en la calle. Una vez veníamos de Capital y nos bajamos en la Estación de Wilde y tomamos un micro que nos llevó a un lugar que no conocíamos. Era que nos habíamos perdido y nos pusimos a llorar. Unas personas nos llamaron y nos preguntaron porque llorábamos. Les contamos que nos perdimos. Nos calmaron. Nos dieron de comer. Y nos llevaron a una Comisaría. Mi hermana Irma y yo no queríamos quedarnos con la policía porque le teníamos miedo. Nos quedamos. A mí y a mi hermana nos llevaron a un lugar donde había una mujer que nos dijo que nos iba a llevar con nuestra mamá. Dijo que la siguieramos. Nos llevó por un pasillo donde había muchas celdas y nos metió en una celda. Nos dejaron como tres horas y después nos sacaron. Nos subieron a una camioneta, a la misma mujer le pregunté adónde nos llevaban, le dije que queríamos ir con nuestra mamá, que la extrañábamos. Me dijo que nos llevaban a un lugar donde había muchos chicos. Nos llevaron a un instituto de menores. Después de unos meses nos trasladaron a otro lugar. Mi mamá y mis hermanos nos iban a visitar. Al tiempo volvimos a nuestra casa. A los 12 años volví a la calle. Esta vez la plata que hacía era para comprarme cigarrillos. Después empecé a juntarme con pibes que robaban y se drogaban. Me invitaron. Al principio yo no quería, me llamaban cagón, maricón, me decían que no me pasaría nada. Hasta que empecé a drogarme. Marihuana, cocaína, pastillas. Empecé a robar. Mi hermano Omar y yo vivíamos en la calle. El en la villa y yo en la Capital. Un día me agarra la policía por vagancia| y como tenía trece años me llevaron a otro Instituto que se llamaba “San Martín”. Cuando entré escuché a un pibe que gritaba. Había sido que lo estaban matando a golpes. Salió del cuarto donde lo estaban golpeando y empezó a largar sangre. Le habían roto una costilla. Detrás de él salió un “maestro” gordo y me miró y me dijo: cómo te llamás? Me  mandó a un pabellón con muchos pibes, eran pibes de todos lados, de Retiro, de Once, de la Boca, de Mar del Plata, de Constitución. Después vino el pibe que habían golpeado de la enfermería y yo le pregunté porqué lo habían golpeado y me dijo que era porque él no quería responder a las preguntas que le hacían. El fue uno de los mejores amigos que tuve en el Instituto. Adentro nos peleábamos mucho, nos lastimábamos. Nos castigaban poniéndonos horas y horas contra la pared. Íbamos al comedor en dos filas, tomando distancia, no podíamos hablar con los compañeros. Cuando íbamos a dormir nos ponían en los pasillos los que no estaban “anotados” podían mirar la tele. A los que estaban “anotados” los castigaban pegándoles cachetazos en la cara o piñas en la cabeza. Cuando nos tocaba hablar con las psicólogas yo le contaba lo que pasaba y decían que no podían hacer nada si no sabían el nombre de los maestros. Yo le daba los nombres. Pero igual ni ellas ni las de tribunales nos daban cabida. Después me trasladaron y del otro Instituto me fugué con otro pibe. Dejé de ir a la Capital y me juntaba con los pibes de la villa. Nos ibamos a robar. Mi hermano Omar hacía cada vez cosas peores. Allí en la villa se tiroteaban entre las distintas bandas. Y siempre mi hermano Omar ligaba algún tiro. Hasta que un día se lo pegaron en la cabeza. Zafó pero cuando salió del hospital fue a la casa del que lo baleó y le tiró con una 45.  Por eso me agarran a mi y me pegan. Al tiempo la bandita de mi hermano me quiere incorporar. Yo estoy con ellos cuando se arma un tiroteo como de quince minutos. Hasta que al final un día Omar saluda a mi vieja y le dice que se va a buscar un cigarrillo y al día siguiente nos vienen a avisar que está tirado en el pasillo de la villa. Al final, muerto. Quise ir a buscar un arma para seguir con lo mismo. Después que lo mataron a mi hermano me querían bajar a mí y tuve que irme de la villa. Andaba todo el día en la calle. Robábamos. Hasta que me llevaron a una cárcel de menores. Al tiempo Susana y Miguel me vinieron a ver y me hablaron del Hogar. Hace seis años que estoy aquí. Fue como mi nueva casa. Dejé la droga. Me aparté del afano y de la calle. Los pibes, los coordinadores, siempre me hablaron mucho para que no me fuera. Hoy con 20 años estoy en la Obra de construcción de la escuela. Quiero ser un gran albañil. Quiero ayudar a otros  pibes que les guste la albañilería. Quiero seguir haciendo otras obras. Cuando terminemos esta construcción que quiero mucho.

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